lunes, 1 de abril de 2013

El abuso sexual infantil en México.


En el año 2010, la Comisión Nacional de Población (CONAPO) y el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) informaron que en México existían cerca de 30.5 millones de niños y niñas menores de 15 años, de los cuales  51% eran hombres y 49% eran mujeres.
En ese mismo año la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que el 20% de las mujeres y del 5% al 10% de los hombres a nivel mundial, manifestaron haber padecido abuso sexual.

Al hacer un análisis de estos datos estadísticos, se estaría suponiendo que cerca de 4.5 millones de niños y niñas en México estarían siendo objeto de abusos sexuales. La realidad
es que el Sistema Nacional Para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), solo en el 2010, se recibieron 18,012 denuncias de maltrato infantil, de las cuales alrededor del 5% únicamente corresponderían a denuncias referentes al abuso sexual infantil, lo que significaría cerca de 900 denuncias al año.


Se ha manifestado la intención de que México cuente con una normatividad que le permita combatir a escala internacional estos flagelos que se han incrementado durante la última década.

La explotación sexual y el abuso sexual infantil pueden considerarse la violación más severa a los derechos de los niños, debido a las consecuencias en su salud física, desarrollo psicológico y bienestar psicosocial en el corto y largo plazos.

De acuerdo con cifras internacionales "se calcula que 150 millones de niños y 73 millones de niños menores de 18 años, han experimentado relaciones sexuales forzadas u otras formas de violencia sexual”.

Sobre este tipo de abusos la Organización Mundial del Trabajo reveló que en el año 2000, 1.8 millones de menores fueron explotados sexualmente en los sectores de la prostitución y la pornografía.

Vale tomar en cuenta que actualmente en México no se conoce con exactitud la prevalencia de niños y niñas abusados sexualmente debido a 3 factores:

1.- No existe una tipificación exacta del abuso sexual y en muchas ocasiones al haber poca evidencia física es complicado comprobarla.

2.- Hay gran carencia de información estadística debido a la falta de una denuncia eficaz que muestre las tendencias, la modalidad y la dimensión de esta problemática en específico.

3.- Los padres, familiares o cuidadores se siente imposibilitados a denunciar por vergüenza, culpa o temor a sufrir más humillaciones por parte de las autoridades o por las posibles represalias del agresor.

Incluso antes de enfrentarse a dichos obstáculos, el abuso puede no salir a la luz debido a factores culturales o educacionales, ya que la comunicación deficiente en el seno familiar y el miedo, entre otros factores, suelen incidir para que el menor no hable sobre lo ocurrido.

Es imperativo, más allá de modificar la legislación y su aplicación, fomentar no sólo la prevención, sino la intervención desde su nivel más básico que implica la comunicación del hecho por parte del menor y para lo cual, la única respuesta es la educación en el seno familiar.

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